AMANDA, UN HADA

Estaba una dulce niña, sentada en una silla blanca,

Estaba triste la niña, no sabía que ella, era un hada.

Soñaba despierta, sentada en su silla blanca, con príncipes y princesas, con gnomos, duendes elfos y hadas.

Pero la niña Amanda, no sabía que ella era un hada.

Así pasaba las tardes, sentada en su silla blanca, en su mundo de sueños, sin mirar todos los seres que la rodeaban, miraba las paredes de su cuarto, azules…con nubes pintadas… su armario ropero lleno de ropas caras, su cama con dosel, muy cara, con las mejores sábanas, con las mejores mantas, con la mejor colcha con princesas pintadas…. Y en la pared aquel cuadro que un día le pinto su Yaya, con un hada de luz con su barita mágica….. y aquella tarde recordó…. Con un suspiro, como si nada, lo que al entregárselo le había dicho su Yaya..

Amanda, aquí tienes a tu hada, todas las noches cuando estés sola en tu cuarto azul, en tu cama de dosel y sábanas blancas…. Coge el cuadro de tu Hada, ella, está viva, ella, no está pintada. Acerca tú cara al cuadro, déjala que te toque con su barita mágica, te llevará en un suspiro, al país de los duendes, elfos y hadas, y de ese modo sabrás amor mío que tú también eres un  Hada…. Esto cariño, solo lo recordaras cuando yo me valla el país donde residen las luces blancas. Entonces y solo entonces cojeras este cuadro y siguiendo mis instrucciones, me encontrares en el trono de las Hadas, junto a mis hermanas, vestida de rosa, con mis mejores galas, y desde ese momento. Amor mío, se acabara para ti soñar sentada solita en tu silla blanca, porque vestida de arcoíris cada noche vendrás a este mundo que es el tuyo, al mundo de los duendes, gnomos, elfos y hadas.

Pero no se lo cuentes a nadie, a nadie, porque es el secreto más grande de los niños que sueñan despiertos con los cuentos que les cuentan sus Yayas, encontraras en este país de encanto muchos, muchos que siguen creyendo en hadas, jugaras con ellos, en silencio, sin gritos ni escándalo, solo el murmullo de la brisa que se siente cuando un hada mueve sus alas. Cuando los encuentres en tu realidad, esa de colegios y de casas, no les digas nada, sonríeles con los ojos y abrázalos con el alma, y sentirás en ese momento como te toca con su barita mágica, tu Yaya, tu Hada…porque ella ha sido es y será eternamente la que siempre te acompaña.

Amanda se levantó de su silla blanca, le hizo caso a su Yaya y se convirtió en el Hada Arcoíris, esa que tanto los niños aman.

Y le dijo a su papá, cuando puedas, ponle cerradura a mi puerta, ponle cerradura dorada a los sueños de las sabanas blancas, que solo pueda yo abrir este mundo de Duendes Elfos y Hadas.

Querida, dijo mi papá, yo tengo una llave aqui guardada, que tu Yaya me dejo antes de partir al reino de las luces blancas.

Está en esta caja de oro, con rubies, diamantes, zafiros y esmeraldas, estas son las piedras precioas de las hadas, para que tu cierres y abras la puesta de tu habitación azul, donde solo entran los que creen en duendes helfos y hadas, mi niña preciosa, el Hada del Arcoiris…..

¡Por fin tomaste tu cetro, el de las almas blancas.!

(Escrito por mi una tarde de otoño, en Almeria, Rosa Padial)

Acerca de rosapadial

Soy pintora, Arte-terapeuta y escritora

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